Carta de Libertad

La Copa de los modestos

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El nuevo formato de la Copa del Rey ha llegado como una bocanada de aire fresco al fútbol español. La ilusión se ha apoderado de clubes y aficiones, que sueñan despiertos con eliminar a equipos gigantes tirando de heroica. Por fin, parece que Luis Rubiales ha hecho algo bien desde su llegada a la RFEF.

Desde hace algunos años, la Copa del Rey ha perdido importancia y valor para la mayoría de equipos. Rotaciones como ley de vida, estadios vacíos y la eliminación casi era un favor para poder centrarse en la liga. Sin embargo, el nuevo formato implantado esta temporada ha cambiado de manera drástica esta percepción.

La principal ventaja es la instauración de partido único en las eliminatorias (hasta semifinales), con la condición de que el encuentro se dispute en el campo del rival de menor categoría. Esta norma es una bendición para los amantes de las sorpresas, debido a que es una manera de igualar las enormes diferencias (presupuesto, calidad, físico) que existen entre los equipos de Segunda B, Segunda y Primera. Sin duda, este sistema aumenta las posibilidades de los equipos modestos, como han demostrado Cultural Leonesa, Badajoz o Mirandés eliminando a equipos de Primera División.

Además, desde mi punto de vista este formato también beneficia, en cierta manera, a los conjuntos grandes. Al ser a partido único, la carga de partidos y minutos disminuye notablemente. Por último, todos los problemas mencionados con el anterior formato desaparecen con este: estadios más llenos con un ambiente impresionante, menos rotaciones y posibilidad de que los aficionados disfruten de jugadores de talla mundial y la recuperación del entusiasmo por avanzar rondas. La renovada Copa del Rey ha llegado para quedarse.

 

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