Carta de Libertad

El último rugido del león

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La Liga comunicó el pasado 28 de mayo que volverá el próximo viernes 12 de junio con una jornada 28 donde faltará un histórico de la última década del campeonato español. Ese es el ya ex delantero vasco, Aritz Aduriz, que anunció su retirada a través de las redes sociales con una emotiva carta que comenzaba: “Ha llegado el momento. Muchas veces he mencionado que el fútbol te deja antes de que tú le abandones a él.”

Su cadera le dijo basta y tener que pasar por el quirófano precipitó el agur de una leyenda rojiblanca. A la edad de 39 años, el delantero de Donostia, tenía previsto poner punto y final a su exitosa trayectoria intentando levantar la Copa del Rey número 24 del palmarés de los leones frente al eterno rival, la Real Sociedad. La pandemia actual, que ha tenido paralizado el campeonato nacional, también provocó aplazar la fecha para la disputa de la final 117 de la Copa de Su Majestad el Rey en la Cartuja de Sevilla. Se retira sin poder vivir desde el campo la fiesta del fútbol vasco.

Con su marcha no solo pierde el Athletic a un goleador nato sino que pierde todo el fútbol. Se marcha un delantero diferente, incansable en la lucha y con un olfato de gol al alcance de muy pocos actualmente. Ser el sexto máximo goleador de la historia del club bilbaíno con 172 tantos lo avalan. En los últimos 30 años nadie ha conseguido los registros goleadores del mejor Aduriz. A excepción de los míticos Telmo Zarra y Bata no ha aparecido nadie en los 121 años de historia del club con mejores números que él. Suyos fueron los cuatro goles que sirvieron para dar al Athletic el último título de sus vitrinas, la Supercopa de España del 2015 frente al Barcelona de Messi.

San Mamés ha visto pasar a muchos jugadores pero en mi opinión ninguno como Aduriz. Futbolista crecido en Lezama que tuvo que ser un trotamundos hasta alcanzar su sueño de vestir la camiseta de uno de los fundadores de la Liga. Un tipo, el donostiarra, generoso y simpático con los aficionados que mostraba una cara totalmente diferente en el césped, la de un jugador aguerrido, con una potencia física brutal y con un remate de cabeza espectacular. Mucho hubiéramos disfrutado los aficionados al fútbol si lo hubiéramos visto gozar de más oportunidades con la selección.

El gracias en euskera que iluminaba la fachada de San Mamés en su despedida, era lo mínimo que el club podía rendirle como tributo. Su ilusión, que el club de su vida gane la Copa del Rey para poderlo celebrar desde el punto de vista de un aficionado más.

Foto: Marca

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