Carta de Libertad

Una temporada para olvidar en territorio che

0

No corren buenos tiempos para el valencianismo. Tras alcanzar la gloria al proclamarse campeones de la Copa del Rey el 25 de mayo de 2019, todo ha ido cuesta abajo y sin frenos. Nadie entendimos la destitución de Marcelino Garcia Toral, un técnico, el gijonés, que con su trabajo consiguió confeccionar una plantilla competitiva que le dio a la afición un motivo de celebración 11 años después. Tanto el propio Marcelino como el director deportivo Mateu Alemany, ese verano tenían el complicado reto de retener a sus estrellas y fichar con un presupuesto muy inferior al que preveían. Pese a todo eran fieles al proyecto y confiaban en poder repetir la gesta de la temporada anterior. Pero tras solo dos jornadas disputadas fueron fulminados por sus diferencias con el presidente. El culpable de todo tiene nombre y apellidos, Peter Lim, propietario del club desde 2014. Su llegada fue agua bendita para la afición, pero en cuanto comenzaron las pérdidas económicas la situación dio un giro de 360 grados.

Foto: Plaza Deportiva – Valencia Plaza

De la mano del agente de futbolistas Jorge Mendes, su mano derecha desde su llegada, se han movido más de 300 millones, de manera directa e indirecta, en diferentes operaciones. Una gran inversión para volver a situar al equipo ché en zona Champions temporada tras temporada. Pero para el propietario, no es suficiente. Al de Singapur no le tiembla la mano a la hora de despedir a un entrenador, recordemos siete técnicos en poco más de cinco años,  son un claro síntoma de ello. El último en ser destituido, Albert Celades, otra víctima más del largo elenco de Lim. Detrás de su despido se encuentra la crisis de juego que vive el equipo tras la reanudación de la liga, pero el verdadero motivo viene de lejos.

Utilizar un equipo con tanta historia como plataforma para la compra-venta de jugadores sin pensar en las consecuencias ha generado una fractura con la afición que creo que será difícil de reconducir. La llegada de Voro González, el comodín perfecto de Peter Lim, intentará arreglar la crisis deportiva actual, tal y como ha venido haciéndolo desde 2014. En las próximas semanas sabremos si es capaz de dar la vuelta a la complicada situación que se vive en Mestalla. Aunque creo que la verdadera preocupación del valencianismo es la crisis financiera que se avecina. Las cuentas no salen, y para colmo, lo estrictamente deportivo tampoco va como se esperaba, lo que provocara la más que probable venta de buenos jugadores.

Un año después del centenario, el Valencia Club de Fútbol vive un momento que no se merece. Su historia, palmarés y afición deberían hacer inconcebible que estén pasando por el difícil trago actual. Al final de cada temporada los jugadores entran y salen, pero los que siempre se mantienen vivos son esos más de 39.000 abonados, que haga sol o llueva, se deja la garganta animando. Creo que ellos son el verdadero valor del club, los que sufren las derrotas y los que vibran con las victorias. Necesitan ver como un proyecto es continuo en el tiempo tanto a nivel deportivo como económico para recuperar la ilusión.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: