Carta de Libertad

El «maracanazo» que no fue

Memorias de un Mundial celeste desteñido

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Las eliminatorias sudamericanas que otorgan plazas para la máxima competencia de fútbol a nivel de selecciones son de las más reñidas. Desde la clasificación a Corea-Japón 2002, se aplica el sistema de repechaje, en el que permite respirar al equipo que termine en la quinta posición. Uruguay siempre termina agitado, ya que nunca culminó en otra posición que no sea la del 5° puesto, a excepción de las últimas eliminatorias para Rusia 2018, en las que clasificó algo cómodo.

El fichaje de Torreira fue más rentable que el de Cristiano ...
Lucas Torreira le disputa el balón a Cristiano Ronaldo en el encuentro por octavos de final del Mundial de Rusia 2018. FOTO: OvaciónDigital.

El pequeño país sudamericano es una caja de sorpresas. Recuerdo el alivio que sentí al clasificar al Mundial de Brasil 2014. Recuerdo también que, como siempre, ya no tenía uñas ni dedos. Allí fuimos a jugar el repechaje a Amán. En teoría, un rival accesible, Jordania. Lo pasamos por arriba, cinco a cero. En Montevideo, más relajados, nos conformamos con un empate sin goles.

Luego de ese partido, veo a mi viejo ‘vichando’ el sitio web de la FIFA. Estaba en la sección tickets para el Mundial. Era de madrugada cuando me dijo que nos íbamos a Brasil a ver a la ‘celeste’.

En mi vida imaginé que podría ir a un Mundial. Desde que nací, transcurrió Francia 98 con un brasilero pelado intratable, lo novedoso de la organización entre dos países asiáticos como lo fue Korea-Japón 2002, el sueño de Francesco Totti en Alemania 2006, el emocionante Mundial de Sudáfrica 2010 que vio levantar a un tal Iker Casillas la gloria, la desazón brasilera del 2014 y la arrolladora Francia en Rusia 2018.

Brasil estaba pegadito. Ahí nomás. Era la gran oportunidad de presenciar una Copa del Mundo.

La cuestión es que para el único partido que teníamos entradas había que ir hasta Fortaleza, nordeste brasilero (a casi 5.000km de Montevideo). El rival era Costa Rica. Compartimos grupo con Inglaterra e Italia. La primera impresión era la de que el contrario más débil eran los ‘ticos’. Y, tal vez para ellos, también lo éramos nosotros, comparando a la Italia de Buffon y la Inglaterra de Gerrard.

Allá nos encontrábamos en la capital del estado de Ceará, previa escala en São Paulo. El Aeropuerto de Guarulhos era una fiesta de camisetas y gorros de todos los países.

Fotos: Mundial Brasil 2014: Hinchas de Colombia y Uruguay arman la ...
Mezcla de aficiones durante el Mundial de Brasil 2014. FOTO: ElBocón.

Habíamos reservado un ‘hotelucho’ medianamente bien en una zona un poco alejada del centro de la ciudad. Hicimos la típica, abordamos un taxi desde el aeropuerto hasta el hotel.

En el año 1950, Uruguay sembró un fantasma en el Maracaná. Un espíritu que hoy sigue vivo, tras ganar aquel Mundial contra todos los pronósticos a los brasileños. El taxista que nos recogió en el aeropuerto era un veterano de unos setenta y cinco años. Cuando vio subir a tres locos uruguayos al vehículo, la cara le empezó a cambiar. Él había sufrido el Mundial del 50’. Hago uso del término “sufrir” porque hasta hubo suicidios, gente que se tiraba desde las tribunas más altas del Estadio Maracaná tras ver a Uruguay conquistar el trofeo «Jules Rimet».

Mi viejo, al ver la cara de mala gana del taxista, me empezó a hablar de aquel Mundial, sin saber que el señor conductor comprendía todo lo que decíamos en español.

El hotel estaba a unos quince minutos del Aeropuerto. Llevábamos treinta y estábamos alejados de la ciudad, en medio de una especie de favelas. El cagaso de mi vida. El taxista nos dio un tour por las afueras de Fortaleza, lógicamente que se aprovechó de la ocasión. Turistas, uruguayos y encima baboseando sobre el 50’. Una vez llegados al hotel, se tomó la gentileza de cobrarnos un disparate.

El fútbol en las favelas de Brasil - AS.com
Las favelas brasileras son un mundo aparte. El fútbol nunca está ajeno. FOTO: DIario AS.

El día previo al partido fui a la piscina del hotel, a ver si me encontraba con algún uruguayo. Terminé charlando con un costarricense.

Costa Rica empezó a tomarle el gustito de participar en los Mundiales a partir del año 2002, a pesar de aquella primera clasificación a Italia 90’.

El ‘tico’ venía a Brasil tranquilo, me comentaba que no esperaba mucho de la selección y que se conformaba con un empate ante Uruguay. Pocas ilusiones para una selección que llegó a estar dentro de los ocho mejores equipos de aquella copa, quedando afuera por penales contra Países Bajos. Yo estaba muy tranquilo. Especulaba con una victoria celeste.

Los nervios previos al partido no me permitían quedarme quieto. Bajé a la zona del fan fest ubicado en la playa. Conocí a gente de distintos países con camisetas de Uruguay. No lo comprendía. Islandeses que se vinieron desde Reikiavik para alentar a Uruguay. Es que en su vida se hubiesen imaginado a Islandia en el Mundial, hasta que clasificaron al de Rusia 2018.

El día del partido hacía un calor de locos. Fuimos en una gran cantidad de ómnibus al estadio. Algarabía y calor humano total.

A medida que llegaba al recinto deportivo me impresionaba el contraste «realidad social – Copa del Mundo». Observé muchas casitas precarias en los alrededores, gente pidiendo comida y, de fondo, un impresionante estadio de fútbol, que vaya uno a saber cuánto dinero costó.

Primeros minutos del partido y penal para Uruguay. Cavani ponía el uno a cero arriba. Pasado el tiempo reglamentario entré en razón de que nos terminamos comiendo tres goles y perdimos tres a uno. Tal era la impotencia, que uno de los futbolistas uruguayos, Maximiliano Pereira, levantó por el aire con un señor patadón al costarricense Joel Campbell. Foul y expulsión.

En aquel momento me acordé y repensé la baboseada al taxista. Ahora eran los ‘ticos’ quienes nos refregaban en la cara la victoria.

La noche del partido fuimos a cenar a un restaurante que estaba plagado de costarricenses. Luego de un par de copas, casi se pudre todo. Incluso tuvieron que separar los camareros, porque se armaba una ‘tole-tole’ general brutal.

Regresé a Uruguay pensando en un Mundial acabado. Tocaba enfrentar a Inglaterra y a Italia. Pero estaba equivocado. Le ganamos a ambos con un Luis Suárez totalmente enfurecido -para bien y para mal- y clasificamos a la fase eliminatoria.

A la uruguaya | Mundial Rusia 2018 en EL PAÍS | EL PAÍS
Luis Suárez, en el festejo del gol de la victoria ante Inglaterra. FOTO: El País.

Días más tarde nos eliminamos contra Colombia en una tarde fatal, en la que no embocamos una bocha y el que si lo hizo fue James Rodríguez, con una obra de arte.

El fútbol es así. Es una montaña rusa de sentimientos, que al fin y al cabo es lo que le da emoción y nos deja con ilusiones renovadas antes de cada partido, más allá de que muchas veces seamos grandes personas ilusas.

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