Carta de Libertad

Más vale buena gestión que táctica

Hoy en día todo cambia constantemente, y en el mundo del fútbol no iba a ser distinto. Un nuevo tipo de entrenador está emergiendo, aquel que es capaz de ser parte de la plantilla, alguien que ha dejado de ser un padre y ahora es un amigo

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El fútbol moderno ha hecho cambiar la forma de jugar de los jugadores, pero este cambio no solo les afecta a ellos. Los entrenadores son parte fundamental del juego, son el pastor que guía al rebaño hacia la victoria, por ello, si no hay una buena relación entre jugadores y cuerpo técnico, el rebaño se dispersa. Por ello, cada vez más, los equipos buscan un perfil de entrenador que sepa gestionar el ánimo del equipo, sin importar las flaquezas de este en el ámbito táctico.

Un caso práctico lo podríamos encontrar en el FC Barcelona, quien esta temporada ha tenido dos entrenadores totalmente opuestos. Por un lado Valverde, a quien se le recriminaba que no tenía un estilo de juego con ADN Barça, se decía que jugaba de manera muy simple, y eso perjudicaba al club. Más allá de los dos grandes tropiezos en Champions, Valverde siempre fue dominante con su Barça, consiguiendo 2 ligas consecutivas, una Copa del Rey y una Supercopa de España en apenas dos temporadas y media. Pero sin duda lo más importante fue que consiguió el respeto y el cariño de la plantilla blaugrana, una plantilla llena de estrellas con grandes egos que dominar, hecho que se veía en cada declaración de los jugadores, y en especial de Leo Messi, quien siempre mostró su apoyo al “Txingurri”.

Foto: FCBN

El preparador extremeño fue despedido tras caer eliminado en la nueva Supercopa, después de ser remontados por el Atlético de Madrid, aunque dejando al equipo líder en la competición doméstica. Después de un show dantesco, con una negociación a puerta abierta con Xavi, mientras Valverde seguía como entrenador, que dejó muy mal parada a la directiva, llegó Quique Setién, una apuesta claramente enfocada a volver al fútbol de toque de la época Guardiola, que tantas alegrías dio a los azulgranas. Sin embargo, el resultado es de todo menos satisfactorio, ya que se ha perdido La Liga ante el Real Madrid con una desventaja de 5 puntos, algo sorprendente cuando, como ya he dicho antes, Valverde dejó al equipo líder. También ha sido eliminado de la Copa del Rey, ante el Athletic Club de Bilbao, casualmente ex-equipo de Valverde. Pero sin duda lo que más preocupa es la apatía de los jugadores, quienes han dado un claro bajón de rendimiento y además han dado varias muestras de tensión con el entrenador cántabro y con su segundo, Eder Sarabia, quien es famoso por su vehemencia e intensidad a la hora de vivir los partidos. Estás malas sensaciones han dejado un horrible sabor de boca al aficionado culé, quien a estas alturas, como dijo Messi al acabar el partido ante Osasuna, no se ve para nada como próximo campeón de la Liga de Campeones, título que el aficionado culé ha echado en falta estas últimas temporadas. Sin duda, más de uno debe estar dándose de cabezazos por haber perdido a Valverde, quien quizá no practicaba un juego pulido y de toque como Setién, pero que sin duda era garantía de títulos.

Foto: El Desmarque

Sin duda, los entrenadores que saben gestionar vestuarios cada vez son más buscados, ya que esa mano izquierda con la plantilla normalmente es sinónimo de éxito, como es el caso de Zinedine Zidane, al que se le suele criticar por su poco aporte táctico, pero que sin embargo promedia un título cada 19 partidos. Otro que destaca en este aspecto es Javier Aguirre, quien pese a no evitar el descenso del Leganés, ha conseguido que este tuviera opciones de salvarse hasta la última jugada de la última jornada, cuando muchos expertos ya lo daban por desahuciado desde Navidades.

Foto: La Liga

 Así que este seguramente sea el perfil del entrenador del futuro, cercano y con capacidad para fundirse con el vestuario.  Un equipo de fútbol ha de ser una máquina bien engrasada, en la que todas sus piezas funcionen a la vez, pero si una de ellas no es compatible con las demás, la máquina no llegará jamás a su rendimiento máximo.

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