Carta de Libertad

Hasta acá llegó

Una humillante derrota evidencia un necesario cierre de ciclo en Barcelona.

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La palabra ‘humillante’ queda corta si queremos definir lo que fue la paliza del Bayern Múnich ante el Barcelona. Fue un 8-2 apabullante que, además de eliminar al equipo blaugrana de la Champions League, manifiesta la necesidad de un cierre de ciclo y el comienzo de una nueva era, con un refresco de nombres y un norte hacia donde apuntar de acá en adelante.

El estadio Da Luz, en Lisboa, fue una maldita oscuridad y el conjunto alemán se aprovechó, y gozó de su gran presente, enfrente de un pobrísimo equipo que evidenció en su totalidad los defectos que demostró a lo largo de este período: una nula identidad de juego, protagonistas perplejos ante la constante presión ofensiva del adversario, un entrenador incapaz de revertir la imagen de sus dirigidos y un escenario que se repite año tras año como es la eliminación de la principal cita europea en los Cuartos de Final.

Que desde la partida de Pep Guardiola, el culé jamás pudo encontrar una identidad de juego que perdurara en el tiempo, es de público conocimiento. Pero lo sucedido en este último encuentro es imperdonable. No es una derrota más de una temporada para el olvido. Es una pared gigante que cayó encima de un Barcelona prácticamente agonizante, y ni siquiera la presencia de Lionel Messi pudo salvarlo.

Obviamente ante esta catástrofe deportiva, la cabeza de la institución, Josep Maria Bartomeu, tomará la decisión más fácil y correrá hacia un costado al entrenador, Quique Setién, quien jamás pudo tomar las riendas de un equipo anímicamente y futbolísticamente desgastado pero que tampoco contó con el tiempo necesario como para plasmar su idea en los jugadores. ¿Pero es esta la solución? Definitivamente no. Y queda demostrado con lo sucedido a principio de año, con la salida de Ernesto Valverde: se fue por la puerta de atrás y desde la dirigencia fueron a la carga por un técnico que no contaba con el respaldo necesario como para agarrar este hierro caliente llamado Barcelona.

¿Entonces cuál es la salida? Por el momento parece que no hay luz al final del túnel pero, desde mi punto de vista, el problema debe cortarse de raíz: el presidente del club. Bartomeu ya no cuenta con el apoyo de los futbolistas y los roces aumentan con el correr de los días. Por eso, si pensara en el bien común de los azulgranas, tendría que adelantar las elecciones que están programadas para el próximo año y así, iniciar un nuevo ciclo con una persona que tenga ideas nuevas y con ambición de volver a colocar al Barcelona donde estuvo hace pocos años atrás. ¿Qué sigue? La llegada de un DT con ADN culé.

Los mejores momentos del Barça fueron bajo el mando de una persona que conocía al detalle este ámbito. Es por ello que propondría a Xavi como el próximo mandamás del primer equipo, que ya cuenta con experiencia en dicho rol y no le temblaría el pulso para hacerse cargo de esta compleja situación. El próximo paso: Renovación (casi) total del plantel.

La continuidad de Messi ya está en duda, pero con la llegada de un nuevo presidente que plantee un proyecto a futuro y la de su excompañero, el argentino no dudaría ni un instante en seguir adelante y, de este modo, sería la cabeza de la renovación. ¿El resto? prescindibles. En todo caso, habría que formar un nuevo plantel con futbolistas de La Masía y, si el presupuesto lo permitiera, incorporar futbolistas jóvenes con potencial pero sin pensar en venderlos a corto plazo. A partir de allí, el trabajo y el tiempo darán sus frutos, pero no hay que apresurarse.

La desesperación y la locura que se vive en estos tiempos no llevan a buen puerto ninguna decisión que se tome. Está claro. Por ello, hay que evitar cualquier presión, escuchar a exreferentes, dejar que las jornadas corran y planear el futuro con la cabeza bien fría, y al detalle para que el trabajo a largo plazo sea la prioridad y poder salir a flote. En síntesis, soluciones existen pero… ¿quieren verlas?

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