Carta de Libertad

Guerra blaugrana: parte I

Los rumores comienzan a volverse realidad y la situación está mas tensa que nunca.

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Lo sucedido en los últimos días en el Mundo Barcelona parecía ser nada más y nada menos que un simple rumor, de esos que nos invaden todas las temporadas. Aunque existía una excepción que podía complicar la situación. ¿De qué hablo? Ese fatídico 8-2 ante el Bayern Múnich y toda consecuencia de dicho resultado: una relación jugadores-presidente rota, un cambio de entrenador, declaraciones contra los históricos, despidos por teléfono y una renovación que puede perjudicar más de lo que puede beneficiar. Fue entonces que la salida de Lionel Messi comenzó a tornarse posible y hoy, dio su primer señal.

Absolutamente todo el plantel azulgrana se presentó a realizarse los hisopados PCR para verificar que el COVID-19 no está entre ellos, teniendo en cuenta que a partir de mañana todo el grupo comenzará con los trabajos de pretemporada y, lo más importante es que será la primera práctica de le era Ronald Koeman. De hecho, hasta los futbolistas que ya conocen que no forman parte de los planes del entrenador neerlandés dijeron presente. Pero faltó la pieza más importante. Me refiero a Leo, que dio la primer señal de que no piensa su futuro en la institución culé, luego de que los rumores y las noticias lo indicaran de este modo.

Pero ahora bien, la salida de un futbolista de esta magnitud no es nada fácil. Y mucho menos la del argentino, que es parte del club desde que es muy joven. Casi 20 años lo aferran y hacen de esta decisión, una revolución futbolística sin precedentes. Por ende, el presidente Bartomeu tampoco quiere dejarlo ir sin nada a cambio. Tengamos en cuenta que este suceso lo pone prácticamente en jaque ante los ojos de los hinchas. Es así cuando entra en juego la famosa cláusula de la que habla el mundo entero.

Lionel Messi firmó hace tres años un contrato con Barcelona hasta mediados de 2021, que contempla una cláusula de rescisión unilateral sin costo al final de cada temporada. Las partes pueden ejecutarla hasta el 10 de junio, según figura expresamente en el contrato. Entonces, los abogados del argentino argumentan que el espíritu de la enmienda es fijar un plazo de diez días en relación al término de la temporada, lo que habilitaría el pedido del futbolista por la modificación de los calendarios europeos frente a la pandemia del coronavirus. En la vereda de enfrente, Barcelona se aferra a la literalidad del texto y exige el pago de los 700 millones de euros fijados como resarcimiento económico por la ruptura anticipada del vínculo.

Pero esto no termina acá y es que La Liga emitió un comunicado en el que aclaró que «el contrato se encuentra actualmente vigente y cuenta con una cláusula de rescisión aplicable al supuesto de que Lionel Messi decidiera instar la extinción unilateral anticipada del mismo, efectuada conforme al artículo 16 del Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales». «En cumplimiento de la normativa aplicable, La Liga no efectuará el trámite de visado previo de baja federativa al jugador si no ha abonado previamente el importe de dicha cláusula», advierte. ¿Qué pasará entonces? Messi podría conseguir un pase provicional si recurre a la FIFA, que en conflicto de intereses, siempre garantiza de modo cautelar el derecho a la libertad de trabajo. Así, el delantero podría firmar y jugar en otro club a la espera de la resolución del conflicto en la justicia.

Si Leo decidiera marcharse gratis y firmar con otra institución, tal como se desprende de su estrategia, el Barça acudirá a la justicia catalana para reclamar el pago de los 700 millones de euros de la cláusula de rescisión por la ruptura unilateral del vínculo laboral. Incluso podría plantear la figura de duplicidad de contrato lo que, de tener sentencia favorable al club, podría bloquear la carrera del argentino en su nuevo equipo. En este aspecto se abren dos planos. El primero, la sanción disciplinaria que podría imponerle Barcelona al jugador, algo de poca importancia dado que Messi ya se considera agente libre. En el convenio colectivo suscrito entre La Liga y la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) se contemplan medidas disciplinarias por faltas injustificadas al trabajo (hoy se produjo la primera con la ausencia en los exámenes médicos). Las multas van de la suspensión de empleo y sueldo de once a treinta días hasta el despido, lo que lógicamente no será aplicado por el club ya que sería contrario a sus intereses. El segundo plano sancionatorio es el económico y en ese sentido Messi deberá pagar de su bolsillo el resarcimiento de 700 millones de euros si fuera determinado por un juez de Cataluña, conforme el Real Decreto 1006 de la normativa española.

Sea cual sea el desenlace de este conflicto, encontramos dos posturas muy claras: por un lado la del argentino que, agradecido por todo lo que el club le brindó, quiere dar un paso al costado de la forma más pacífica, amistosa y civilizada posible con el objetivo de continuar su carrera en un club más serio y competitivo, dos características que Barcelona perdió hace tiempo. Y por otro, la del presidente Bartomeu quien nada quiere oír acerca de un traspaso o una salida de Messi y hará hasta lo imposible para que esto no se concrete, basándose en que es un patrimonio del club, aunque por los modos, demuestra que poco parece interesarle. Lo cierto es que la guerra recién comienza y, cada día que pasa, los caminos de Messi y el Barcelona se separan más y más. Parte II…

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