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Lo están matando

Inventos de ligas por aquí, renuncias por allá, de todos modos lo están matando. Están matando al fútbol

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Entre mate y mate, me tomé el tiempo de repasar aquellas líneas que escribí hace casi un año atrás cuando, en medio de tanto encierro pandémico y la ansiedad por volver a ver rodar la pelota, analizaba los personajes multimillonarios que rondaban por ahí, viendo dónde desembolsar una interesante suma de dinero para adueñarse de los clubes y expandir su poder financiero. Increíblemente la situación, un año después, parece no haber cambiado.

Lo que sucede en Europa es ni más ni menos que una lucha por dinero. Es la puja por mantener la casta. Y sacar una mejor tajada también. Son ricos contra ricos. Ellos sienten que son los grandes convocantes de público en las canchas y audiencia televisiva. Entonces se preguntan por qué tienen que dividir con clubes lejanos, remotos y sin títulos ni historia, desconociendo que contra alguien hay que jugar. Además, si se quiere, hasta deberían saber a la perfección que para que haya un grande tiene que haber un chico. Sin considerar, inclusive, el hastío que podría producir un torneo siempre con los mismos participantes. Aseguran multiplicar sus ingresos cuatro o cinco veces lo que ganan hoy. Pero rompen todo. Ese es el precio real. Con los futbolistas como rehenes.

Difícil es la postura para los verdaderos protagonistas pero algunos, con enorme valor y claridad de conceptos, ya se han manifestado. Entre ellos Marcelo Bielsa o Pep Guardiola. Y no sorprende. Cansados o no, deberían pelear contra la organización del fútbol desde adentro. No dividir y disgregar. No tienen sangre de otro color. Florentino Pérez, por ejemplo, es un mortal como todos los demás. En todo caso, con más dinero, como casi todos los empresarios, magnates y jeques que manejan los destinos de los principales clubes.

Y la peor parte de toda esta historia, no son solamente los clubes de la mesa chica intentado adueñarse del fútbol. La UEFA y la FIFA, que intentan victimizarse y amenazan con sanciones, son igual o más villanos que los antes mencionados. Cabe recordar que estas entidades, en los últimos años, vienen planificando e implementando cambios en los reglamentos, aumentando los cupos de participantes en sus respectivos torneos en pos de sumar más derechos de televisión y billetes, así jueguen equipos que apenas si terminaron cerca del tercero o cuarto en sus ligas de origen. Es un exceso.

El deporte no es deporte cuando el éxito está garantizado y cuando no existe la relación entre esfuerzo y recompensa. Manchester United, Manchester City, Chelsea, Arsenal, Tottenham y Liverpool, en InglaterraBarcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid, en España; y Juventus, Milán e Inter, en Italia. Todos sus presidentes y propietarios siguen robando nuestro fútbol. Están desgastando la esencia de este hermoso deporte a cambio de sus propios intereses. Está bien que nos adaptemos a las nuevas generaciones, pero hasta cierto punto. La sensación es que a la afición ya la tratan como a un títere.

Sin embargo, para nuestra fortuna, allí entramos en escena. Los hinchas. Los únicos y verdaderos amantes de la pelota, haciendo fuerza al unísono. Mayormente se escucharon voces de rechazo, y tan solo dos días después de los anuncios, la Superliga de Europa comenzó a agonizar. De hecho, gran parte de los clubes comunicaron oficialmente sus salidas de este proyecto que pronto quedará sin efecto. Pero tenemos bien en claro que esto no terminará acá.

Aún con la nulidad de este invento de liga, sabemos que estos tipos de traje sentados detrás de un escritorio jugando a ser dirigentes buscarán la forma de seguir inflándose los bolsillos a costa de la pasión de todos nosotros. Pero allí estaremos nuevamente. Luchando por lo que más amamos. El fútbol. Ese fútbol impredecible que es de todos y en el que si importa si perdés. Donde los más humildes se ponen el cuchillo entre los dientes para derrotar a los poderosos. En el que el mérito y el sacrificio son pilares fundamentales. Del cual nos enamoramos todos y nos permitió soñar desde pequeños. Nuestro fútbol. El que quieren matar… Pero no podrán.

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