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Suplicio asturiano

Ojalá me hubiera ido de viaje, ojalá estuviera trabajando, ojalá incluso estar en una revisión de próstata, porque no aguanto más ver a la Roja menos ilusionante de la historia.

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Mira que tenía pocas esperanzas en esta Eurocopa, de hecho no esperaba nada y mi cabeza hacía semanas que me decía que no perdiera el tiempo con algo que no me creara ilusión. ¿Pero qué pasó al final? Efectivamente, me ilusioné y ahora lo estoy lamentando.

Todos sabíamos que esta selección ya no tenía a los mejores del mundo, a ese grupo que durante años ganaban todo y a todos, pero esperábamos bastante más de este grupo. Hasta la fecha, “La Roja” apenas ha cosechado dos empates en un grupo que se presumía fácil, pero cuando juegas sin plan da igual el equipo que tengas. Quizá soy el único que lo piensa, pero cada vez que veo jugar a la selección me veo a mí y a mi equipo del colegio, un grupo de chavales con mucha ilusión y ganas, pero que no sabían qué hacer. El míster escogía el once y no había más táctica que la de marcar más que el rival, luego hacía un par de cambios de jugador por jugador para refrescar y a casa con la sensación de que se podía hacer mucho más, pero había algo que no funcionaba. En resumen, un suplicio para todos.

Foto: Castellón Plaza

Pues eso es lo que veo ahora mismo encima del verde, una generación de futbolistas, que sin ser la mejor, podría estar haciendo cosas más grandes que las que estamos viendo. Y el problema no es que no haya delantero como no paramos de oír (en la última Euro que ganamos jugaba Cesc arriba), sino que no hay plan. Desde hace meses el capitán de este barco está desaparecido y lo peor es que ni está ni se le espera. Luis Enrique ha decidido auto inmolarse y hacer que todo el camino que se construyó para llegar a ser una de las favoritas, saltara por los aires.

Su aportación en los partidos solo pasa por sentarse en una nevera y poner cara de pensativo mientras en su cabeza seguramente solo haya un mono chocando unos platillos. Luego alguien le avisa que es el minuto 60 y cambia la delantera esperando que por cambiar un par de jugadores todos los problemas que arrastramos desde hace años desaparezcan por arte de magia. Lo sorprendente de todo esto, es que él mismo ha renunciado a su propio estilo, enroscándose cada vez más en un guion inmovilista e inútil. Si hacemos memoria, el asturiano era un hombre de recursos, que no se casaba con nadie ni con nada. De hecho cuando el 6-1 al PSG, decidió romper con todo utilizando un sistema de tres centrales y carrileros largos que hacía muchísimo que no se veía en una plaza en la que el 4-3-3 está impuesto por orden divina.

Foto: Kiko Huesca/EFE

Pero eso es algo que no veremos más, nos tendremos que conformar con ver a Marcos Llorente perdido en una posición que no es la suya, al central titular del campeón de la Champions chupar banquillo, a Pedri jugar por decreto aunque ya no pueda ni con las espinilleras o al revulsivo Adama mostrar su poderío físico llevando los botellines de 6 en 6. Esperemos que este suplicio acabe pronto, que Luis Enrique abandone la selección y pronto empecemos una nueva etapa donde nos volvamos a ilusionar.

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