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Dudas, dudas y más dudas

Al Boca de Russo le costó sobreponerse ante un equipo de la C, juega mal y preocupa

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Boca Juniors es el último campeón de los últimos dos torneos locales y uno de los semifinalistas de la última edición de la Copa Libertadores. ¿Qué nos hace suponer esto? Que es el mejor equipo de la Argentina y por ende tiene la obligación de jugar mejor que todos sus rivales o ser acompañados de triunfos contundentes, convincentes. Nada de eso parece estar sucediendo.

Al Xeneize le costó imponerse ante Claypole por la Copa Argentina que, sin subestimar, no deja de ser un equipo de la Primera C. Es más, durante gran parte del primer tiempo estuvo un gol abajo en el marcador y fue ampliamente superado en el juego a tal punto que, según las estadísticas, el balón estuvo en su propia área casi el 18% del tiempo. Un número demasiado alto para ser de Primera División. Luego, logró marcar los dos tantos que le dieron la victoria solo por la jerarquía individual de sus futbolistas pero en líneas generales, fue un partido preocupante que no hace más que fortalecer los pensamientos de quienes analizamos los partidos: Boca no tiene rumbo.

Pasa el tiempo y la situación es la misma. Hay desgaste. Presión. La obsesión por la séptima Copa Libertadores se mantiene latente. Almanaques que pasan y ciclos cumplidos. Futbolistas de gran talla como Mauro Zárate que parecen haber perdido esa chispa que caracterizó su carrera y lo llevó a ser uno de los mejores jugadores del fútbol argentino. Pero no es 9. Entonces le cuesta. No rinde. El equipo no crea fútbol y generó una dependencia con Edwin Cardona que por suerte ha estado activo cada vez que se lo necesitó. Boca suma, en general gana, pero no mejora. Se ha acostumbrado a conformarse con el resultado.

¿Será que el plantel no es lo suficientemente bueno? No lo creo. Tampoco son fenómenos. Pero cuentan con un arquero de selección, centrales que tienen de los mejores números en el continente, laterales que -dentro de todas sus deficiencias- cumplen, centrocampistas que meten y juegan, volantes externos que son flechas, un diez talentoso, y puntas que no son fueras de series pero la empujan si la suerte está presente.

Señalar a un culpable en este momento sería lo más fácil. Podría ser cualquiera. Jugadores, entrenador, cuerpo técnico o incluso el Consejo de Fútbol que no estuvo ágil en el mercado de pases. Pero sería en vano porque todos están igual de desorientados. Todos están arriba de este barco que no es uno cualquiera. Es uno con mucha historia. Y la tripulación debe estar a su altura para no chocar de lleno contra un iceberg, cual Titanic.

Ahora la apuesta son los juveniles. Hay varios muy buenos, que pintan bien. Pero los tiempos del fútbol argentino son demasiado apresurados y en tres o cuatro partidos los pueden mandar a la guillotina si no se cosechan ni siquiera tres puntos. Por el momento, la brújula está averiada. Hay dudas, dudas y más dudas. Será cuestión de parar la pelota, pensar bien las acciones a realizar y lograr salir adelante paso a paso, sin desesperación.

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