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Justicia divina

Con la ayuda de Diego desde quién sabe dónde, la Argentina cortó una importante sequía de títulos y el fútbol volvió a ser justo por un instante

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A una semana de una gesta histórica, el pueblo argentino sigue feliz. Alegre. Camina por el barrio con una sonrisa. Y seguirá siendo de este modo por un buen tiempo más. Es que tras 28 largos y duros años, la Albiceleste por fin pudo sacarse la espina y levantar una Copa América. Muchos procesos pasaron entre medio. Entrenadores y, sobre todo, un sinfín de jugadores fueron tildados y señalados injustamente como fracasados durante todo este período por no poder cortar la sequía. Pero el fútbol volvió a ser justo, al menos por un instante. De la mano de Messi, Scaloni y compañía.

La Copa más desprolija de los últimos tiempos. Pandemia de por medio, primero la organizarían en conjunto Colombia y Argentina. Luego sólo se disputaría en nuestro país. Sin embargo, una semana antes del inicio, desde el gobierno nacional bajaron el pulgar y la competencia quedó en standby. ¿Qué sucedería? ¿Se suspendería nuevamente? «¿Y si la llevamos a Estados Unidos?», dijo alguien. «De ninguna manera», respondió Alejandro Domínguez. Llevarla a Brasil, el anfitrión de la edición 2019, fue el veredicto final. Era la oportunidad ideal para sumarle un trofeo más a las vitrinas de la AFA. La revancha contra el rival de toda la vida y frente al VAR localista, que le había jugado una mala pasada en aquella oportunidad. Ahora o nunca. «Es momento de dar el golpe», declaró Lionel Messi en la previa. Y así fue.

Con los cuestionamientos de siempre por parte de la prensa que caracterizan el ciclo de Lionel Scaloni, el equipo fue paso a paso. Una idea de juego en construcción, futbolistas que querían ganarse un lugar dentro del once y un entrenador seguro de sus decisiones que probó cuanto esquema y nombre se le cruzara por la cabeza. Así pasaron Chile con empate, y luego Uruguay, Paraguay y Bolivia con victoria, por la fase de grupos.

Ya para el duelo por los Cuartos de Final, ante el Ecuador de Gustavo Alfaro, el combinado nacional se postulaba como el claro candidato a la clasificación. Si bien el 3-0 final supone un partido tranquilo, no lo fue. Argentina tuvo algunos sobresaltos pero sobre el final pudo estirar la ventaja y dejar las bases sentadas sobre cómo encarar los compromisos restantes del certamen. El camino era cada vez más claro.

Así llegó Colombia en semifinales. Sin embargo, todo lo planificado fue dejado de lado con el pasar de los minutos y el partido se terminó jugando con el corazón. El sufrimiento se transformó en el principal protagonista y la tanda de penales estaba adelante de nuestros ojos. ‘Dibu’ Martínez tuvo la actuación de su vida y con frases como «¡lo siento pero te como, hermano!» hizo historia como Mascherano y el «hoy te convertís en héroe» a Sergio Romero en los penales con Holanda en Brasil 2014. El arquero del Aston Villa tapó tres tiros y la alegría se desató. Estábamos en la final.

Con los fantasmas del Mundial de Brasil 2014 y las Copa América de Chile 2015 y Estados Unidos 2016 relegados por la ilusión, la definición del título con el local en el mítico Maracaná estaba a la vuelta de la esquina. Noches sin dormir finalmente tuvieron su recompensa. Ángel Di Maria le hacía honor a su nombre y se convertía en el Ángel de la guarda de todo un país. Esa pelota por encima de Ederson quedará en la memoria de todos y ni hablar de la máxima expresión de felicidad que hayan visto mis ojos reflejada en el rostro de la ‘Pulga’. Silbatazo final luego de una guerra futbolera sin precedentes. Tobillos hinchados y ensangrentados por los golpes saltan con las pocas fuerzas que quedaban al ritmo del «¡DALE CAMPEÓN, DALE CAMPEÓN!» El fútbol era justo nuevamente. Y le devolvía a ese tipo de 34 años arrodillado en el verde césped un puñado de lo que él le había entregado, pero todo lo que tanto había soñado.

Y más allá del resultado y la felicidad que nos produce internamente el ser campeones, este campeonato deja muchas cosas positivas a nivel equipo, aún con varias por mejorar. Jugar en un contexto de urgencias, como las últimas balas de Messi, sacó de los jugadores un espíritu competitivo y una mentalidad ganadora que, para esta clase de torneos, es casi todo. El formato para clasificar a cuartos fue bastante amable (pasaban 4 de 5) y Scaloni aprovechó para potenciar ese espíritu y mentalidad: le dio rodaje y confianza a todos. Los hizo sentir importantes y se garantizó, prácticamente, sus buenas respuestas en la cancha.

Y además, lo que se vio en los festejos: todos querían ser campeones, claro, pero querían, sobre todo, ser campeones con Messi. Todos sentimos que el fútbol se lo debía. Lo hicieron posible. Porque se trata de eso: que el astro esté cómodo y que Argentina sea competitiva con los condicionamientos que ésto implica. Y el técnico tocó varias teclas para intentar armar un equipo en el que Leo influya sin ser Messidependientes. Y en gran parte le salió. Grandísimo mérito.

Puertas adentro, seguro todos saben que se está lejos de la plenitud futbolística aún, pero tienen un punto de partida muy alentador: sistema e intérpretes para mejorar y sostener los aspectos que lo hicieron dominante. Y el envión enorme del título, que no es poco. Ahora se vienen duras fechas de Eliminatorias y luego, muy probablemente, Qatar 2022. ¿Nos ilusionamos?

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