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Milan como el Ave Fénix

A una década de su último Scudetto y tras varios años de frustraciones, el club rossonero busca coronar su proyecto

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Varios años de frustraciones y mal llamados fracasos transcurren en el contador del AC Milan, ese gigante futbolístico que supo cautivar al mundo en los años 80′ y 90′ de la mano de Arrigo Sacchi y, años más tarde, con la dirección técnica de Carlo Ancelotti. A nivel internacional, la temporada 2006/2007 fue la última en la que levantó la, amada por todos, Champions League mientras que la 2010/11 es la que certifica su último grito de campeón en la Serie A. Desde entonces, una década de traspiés y proyectos incompletos hicieron que el club prácticamente desapareciera de los planos competitivos. Aunque esto podría tener un fin el presente año.

El Rossonero vuelve a dominar la escena local: es líder en el Calcio italiano tras 18 jornadas, con trece triunfos, cuatro empates y sólo una derrota. No será tan elegante y vistoso como el Atalanta, tampoco tiene la letalidad ofensiva del Inter, pero el equipo de Stefano Pioli mira a todos desde arriba siendo además el tercer equipo más goleador del certamen (39) y el cuarto con menos tantos recibidos (19). Pero, para comprender esta escalada, hace falta viajar en el tiempo, entrar en detalle en su estructura y el proyecto que llevan a cabo sus dirigentes.

Año 2018. El grupo inversor estadounidense Elliott Management Corporation rescató al equipo italiano de la mala gestión del empresario chino Li Yonghong. Siempre fue una institución ganadora y de vanguardia, pero arrastraba años de muy malas administraciones, con enormes gastos en transferencias y salarios, y sin acceso a las riquezas de competir en la élite europea. El grupo Elliott tuvo incluso que inyectar unos 50 millones de euros para estabilizar los balances de un Milan que rozó el descenso por bancarrota. No lograba superar el sexto puesto en la Serie A, una liga que está emergiendo otra vez tras quedar relegada por el poder económico de la Premier League, la estructura ejemplar de la Bundesliga y el impulso que dio el Messi-Cristiano a LaLiga. Ese fue el contexto que encontró Ivan Gazidis cuando desembarcó en Italia con su experiencia de ser uno de los directivos fundadores de la Major League Soccer (MLS) en los 90′ y la larga estadía en el Arsenal. Su misión era dirigir uno de los pocos proyectos de inversión extranjera en el país y encabezar un grupo de trabajo capaz de recuperar la identidad perdida. Un ADN que bien conoce Paolo Maldini, quien a 11 años de su retiro como uno de los emblemas rossoneros ocupa ahora el puesto de director del área técnica.

Y atención a este último apellido, porque tras la salida de Leonardo al PSG a mediados del año pasado, tuvo mayor influencia y es uno de los principales protagonistas del éxito en la institución. Su aporte es clave en una estructura que se sostiene principalmente por la labor del director deportivo Ricky Massara, quien llegó de Roma para reemplazar a Zvonimir Boban, el jefe de operaciones de fútbol Hendrik Almstadt y el jefe de scouts Geoffrey Moncada, otro gran baluarte del proyecto y cazatalentos en el Mónaco que le arrebató el trono al PSG y llegó a las semifinales de la Champions League en la temporada 2016/17. Este francés de 33 años tiene un efectivo método de reclutamiento basado en métricas y trabaja como cabeza de un puñado de analistas que elabora los informes de los posibles objetivos. Entre sus grandes aciertos están Sandro Tonali, considerado uno de los talentos más brillantes de la Serie A, el lateral izquierdo Theo Hernández, que llegó procedente del Real Madrid, y Brahim Díaz que a día de hoy es uno de las máximas figuras del plantel.

Siguiendo por esta línea, el cuadro milanés es el equipo más joven de las cinco grandes ligas de Europa, con un promedio de 24,5 años, pero es apoyado por la experiencia de una estrella goleadora como Zlatan Ibrahimovic, que a sus 39 años, una decena de clubes a sus espaldas y 542 goles como profesional, tiene mucho que ver y ya aportó 12 goles en solo ocho encuentros de liga, toda vez que el coronavirus y dos lesiones le han hecho perderse el resto de partidos. Ibra suma también un gol más en la fase de clasificación para la Europa League. Pero no es el único ya que en las últimas horas se incorporó otro experimentado: Mario Mandzukic, otra bestia del gol que quiere emular el retorno a la élite del ahora su nuevo compañero. En su trayectoria destacan los goles conseguidos en equipos como el Bayern, el Atlético o la Juventus, su último equipo en Europa antes de fichar por al Al-Duhail qatarí. Ahí solo jugó siete partidos y no terminó de ubicarse.

Por último tenemos al arquitecto de esta renovación futbolística: Stefano Pioli. Llegó como parche a un banquillo del que alguna vez nacieron tácticas revolucionarias, como el catenaccio de Nereo Rocco o el fútbol innovador de Arrigo Sacchi. Una silla caliente por la que últimamente pasaron Seedorf, Pipo Inzaghi, Mihajlović, Montella y Gattuso, entre otros. Y puede que las tácticas actuales no sean revolucionarias como las de Rocco o Sacchi, pero ha construido un Milan vertical, ancho y profundo, que ha encontrado la estabilidad con un sistema 4-2-3-1, adaptable a un 4-4-2 en algunos contextos, y tiene variantes para progresar en el campo y recuperar la pelota. El eje lo ocupan el marfileño Franck Kessié y Sandro Tonali o Davide Calabria, que se alternan al momento de desempeñarse como tercer central o incrustarse en la zaga si quieren sacar el balón limpio desde el fondo, con los laterales Theo Hernández y Diogo Dalot ganando metros. Ante equipos compactos y que congestionan la zona central, el Milan prefiere construir juego por afuera. Los laterales intercambian posiciones con los extremos y Hakan Çalhanoğlu o Brahim Díaz se vuelcan sobre el sector donde está la pelota para generar superioridad numérica y facilitar la construcción del juego. Les ha funcionado mover el balón por la derecha y cambiar bruscamente de banda para las apariciones sorpresivas de Theo. Y si se miden ante rivales más estirados, no temen elaborar juego por dentro. 

En conclusión, el proyecto de largos años finalmente va por buen camino. Todas sus partes funcionan en conjunto y, si el fútbol lo permite, ojalá puedan coronarlo con el título. Como el Ave Fénix, Milan busca resurgir de sus cenizas y volver a los primeros planos del fútbol mundial.

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